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Podemos nutrir la tierra de la lengua española

Sentí el impulso de escribir estas líneas después de escuchar al escritor italiano Andrea Camilleri en el video La cultura è tutto (disponible al final de este artículo). Según el autor, la lengua es nacional, es como un árbol cuyas raíces están arraigadas en todo el país —Italia en su caso—. El árbol atrae las palabras desde la periferia (diferentes dialectos) hacia el centro y es así como estas pasan a formar parte de la lengua estándar. Camilleri continúa diciendo que si el terreno del cual se nutre la raíz del árbol está contaminado de palabras extranjeras, las hojas (palabras) se ponen amarillas y el árbol se muere. Sin irnos al extremo de pensar que el español desaparecerá (es poco probable —al menos por ahora—, ya que es el tercer idioma más hablado en el mundo y el número de hablantes aumenta) y sin ánimo de que nos volvamos puristas y detractores obsesivos de las voces extranjeras, me pregunto: ¿qué podemos hacer para nutrir el terreno de la lengua española? Para ello, propongo tres desafíos: preferir el español siempre que se pueda, expresarnos lo mejor que podamos y alentar a que otros hagan lo mismo.

El primer reto que sugiero es que estemos atentos y prefiramos el español al inglés siempre que podamos. Y digo el inglés porque es el idioma del cual tomamos prestadas más palabras en la actualidad. Como dice Félix Rodríguez González en Anglicismos en el mundo del deporte: variación lingüística y sociolingüística “los préstamos de voces extranjeras, sobre todo las procedentes del inglés, constituyen uno de los rasgos más característicos de las lenguas modernas, entre ellas el español”. A estas voces prestadas también se las conoce como anglicismos. Hay algunos anglicismos que hace ya bastante tiempo han sido adaptados e incorporados por la Real Academia Española (RAE), como líder, club, sándwich o pub; también los hay que son más recientes, como dron, hacker o tableta. Pero hay otros que son innecesarios y para los cuales hay una opción en español que resulta menos ambigua, más específica. Es aquí donde sugiero que tratemos de usar las opciones que nos ofrece nuestra lengua, por ejemplo, ¿para qué decir tip si —según el contexto— podemos decir clave, consejo, recomendación o dato?; ¿por qué usar cake o pie si podemos hablar de un/a delicioso/a torta, tarta o pastel? Es verdad que, como dice Joaquín Segura, miembro honorario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, “a todos se nos cuelan o se nos escapan” algunos anglicismos, “pero eso no quiere decir que debamos rendirnos ante usos foráneos y acabemos adoptándolos”. Estar atentos y buscar información no es una proeza de superhéroes: siempre habrá un amante del español deseoso de responder a una consulta sobre vocabulario; podemos consultar la Fundéu (en Google, la búsqueda para anglicismos que mejor me ha funcionado es palabra en inglés + anglicismo + Fundéu) o, por supuesto, siempre podemos visitar el sitio de la RAE u otros diccionarios en línea.

Usar diccionarios u otras herramientas que ofrecen la RAE, las organizaciones o las universidades seguramente nos ayudará a hablar y escribir mejor. Expresarnos con eficiencia puede enriquecer la comunicación con amigos, familiares, colegas o jefes.

Además, una comunicación efectiva puede ahorrarnos un dolor de cabeza, ayudarnos a conseguir un trabajo o un cliente, o evitar un malentendido. Por otra parte, con la variedad de redes sociales y las oportunidades que estas nos brindan para comunicarnos, ¿no creen que es importante expresarnos lo mejor que podamos? Una idea que se expresa con claridad tiene más posibilidades de cumplir con su objetivo. Cuando escribimos y cuando hablamos es porque tenemos un fin: convencer, opinar, emocionar, etc., si no somos generosos con nuestros lectores y les hablamos o escribimos con claridad, lo más probable es que no nos lean ni escuchen o que, al hacerlo, les generemos ideas o sentimientos muy alejados de lo que teníamos en mente. Tanto en la comunicación oral como en la escrita, contamos con las bases o los pilares (educación formal/informal), y las herramientas o los recursos (RAE, Fundéu, otros diccionarios en línea, amigos lingüistas, etc.) para honrar nuestras ideas, opiniones y el idioma que les da vida. Si sabemos leer, escribir y hablar, siempre podremos mejorar.

Por otro lado, además de hacer un esfuerzo individual, también podemos intentar inspirar y alentar a otros para que se unan a este desafío lingüístico. Dentro de nuestro círculo de familiares y amigos, y entre nuestros colegas y contactos de las redes sociales podemos fomentar el buen uso del español, ofrecer amablemente una opción para un anglicismo innecesario, destacar usos correctos o incorrectos o tratar de revivir una palabra en desuso. Un ejemplo de recuperación de una palabra es el de luquete (rueda de limón o naranja que se echa en el vino para que tome de ella sabor), que tiene su propia página de Facebook y nos anima a ponerla en uso nuevamente. Otro ejemplo, este sobre usos correctos, son las infografías o los videos que andan dando vueltas para aclarar la diferencia entre, por ejemplo, sino y si no, o entre aún y aun. Podemos compartirlos o crear los nuestros propios. Cada granito de arena, cada persona con la que conversemos sobre esto —ni hablar si la convencemos— sumará para que el entusiasmo por expresarnos mejor se contagie. Y cuando digo mejor, no quiero decir perfecto y que andemos como locos obsesionados marcando errores. Usemos el sentido común… que así como es necesario un mínimo de matemática bien aplicada para llevar la economía del hogar de forma eficiente, un mínimo de esfuerzo al expresarnos hará que nuestras comunicaciones cumplan su cometido más efectivamente.

En síntesis, hacer un esfuerzo integral para mejorar nuestra forma de escribir y hablar requiere, por supuesto, buena predisposición y un poco más de tiempo a la hora de redactar o pensar lo que vamos a decir. Tiempo que ahorraremos en malentendidos o explicaciones, y ganaremos en objetivos cumplidos. Un pilar fundamental de este desafío es dar prioridad a las voces del español antes que a las extranjeras. Un texto plagado de extranjerismos hace mucho ruido y puede interrumpir el flujo de pensamiento de quien nos lee o escucha. Al defender el español, mejorar nuestra expresión oral y escrita, y difundir la importancia del buen uso del idioma, nos enriquecemos, nutrimos nuestra querida lengua y preservamos nuestra identidad. Como dice Miguel Sosa, autor de El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto, “hablar y escribir bien es un acto de valentía enorme”. Como él, yo también creo que el lenguaje es nuestra responsabilidad y que la lengua española es un patrimonio que todos sus hablantes debemos cuidar.

Por último, este es el video (en italiano) de Andrea Camilleri que me inspiró. No dejen de escuchar aunque sea la primera parte porque es muy interesante. Espero que les haya gustado este artículo y que se sientan motivados a mejorar la forma de expresarse en español o en el idioma que hablen. Nuestra lengua materna es un aspecto fundamental de nuestra identidad.

Referencias y otras lecturas

Hablar y escribir bien es un acto de valentía

Anglicismos en el mundo del deporte: variación lingüística y sociolingüística

Los anglicismos en el lenguaje médico

Published by Victoria Principi

Victoria Principi

Victoria Principi is a National Public Translator of English who graduated from the National University of Córdoba in Argentina. She translates, localises and reviews texts between English and Spanish, specialising in marketing and business, information and communications technology, and social sciences and humanities. She is a member of IAPTI and has been working as an independent translator since 2012. Currently, she is based in Lucca, Italy, and helps translation agencies and end clients who need to reach a Spanish-speaking audience. She is the creator of this website and the author of the blog.

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